LA SOLIDARIDAD AL DINERO

Por Fabián Andrés Garzón

Abogado Centro Jurídico


Emile Durkheim, uno de los grandes padres de la sociología, definió en su libro “La división del trabajo social” a la solidaridad de dos formas, una, la solidaridad mecánica, que es aquella dada en sociedades “primitivas” en las cuales el fin común de este grupo los hace cooperar entre ellos de forma espontánea y, la otra, la solidaridad orgánica, la cual se da en sociedades “modernas y desarrolladas” en las cuales se unen individuos con diferentes habilidades específicas para crear una gran mecánica social y tener mayores libertades. A lo anterior, nuestros estados desarrollados y nuestro estado colombiano han fundamentado su estructura y funcionamiento en el principio constitucional de la SOLIDARIDAD, entendida como una solidaridad orgánica, tal como lo planteaba Durkheim.

Pero este principio citado, consagrado EN EL ARTÍCULO 1° de la constitución de Colombia, va a la caneca con todas las actuaciones que se han visto en estos últimos días en el país, como consecuencia de la emergencia global dada por el Covid-19.

Muy poco de solidaridad se ha visto en el país por parte de las empresas y el estado hacia las personas, y por el contrario, se han volcado al más profundo egoísmo y mezquindad. Dando su solidaridad al dinero, si, hacia el dinero, la cosa que no siente pero que perturba a la gran mayoría de los empresarios y los políticos que dirigen el estado, porque ¿cómo se podrá recuperar lo perdido y se estabilizaran los márgenes de ganancias que se llevaban? Parece increíble pero es así, su solidaridad no va hacia las personas sino hacia el dinero, pero ¿Por qué lo digo? Porque al dar una mirada a como las grandes empresas y el estado, en su gran mayoría, no han tomado en consideración la situación de las personas ante la emergencia de la pandemia y solo se han preocupado por cuanto afectara al crecimiento económico esta situación, mostrando que lo más importante es el dinero y no las personas, toman con esto una posición pusilánime con respecto a la grave emergía sanitaria que se enfrenta.

Véase como no se toma en cuenta ni en consideración la situación de las personas ante la emergencia sanitaria por parte de las grandes empresas y el mismo estado, por ejemplo, la banca, que fue ayudada por los colombianos en la crisis económica de los 90’s y sigue siendo subsidiada por “pasajero impuesto” del cuatro por mil, en vez congelar los créditos y no cobrar por los sus servicios durante la emergencia lo que ha hecho es AMPLIAR los plazos de sus intereses en los créditos y reducir a la mitad el cobro de las transacciones que se realicen, que desfachatez. Y el gobierno nacional no se ha quedado atrás, en vez de cerrar el aeropuerto, que es por donde han entrado TODOS los casos de Covid-19 y se ha esparcido el virus por todo el país, bien tuvo decir que no era para tanto porque “aislar al país en este momento sería un golpe muy fuerte para la economía”. Y me faltan las páginas para seguir enumerando cada ejemplo de mezquindad por parte de las empresas y el estado que no han toman en cuenta la situación de las personas.

Siguiendo el hilo conductor de mezquindad de las empresas y el estado se evidencia en como lo único importante son los números de crecimiento económico y el dinero, tal como lo manifiestan las declaraciones de Andesco, Asociación nacional de servicios públicos y comunicación, que por medio de su líder gremial Camilo Sánchez dijo “no se pueden dar de manera gratuita los servicios y mucho menos decir que se van a dejar de pagar sin decir de donde vendrán los recursos en un momento determinado” esto, después que la alcaldesa Claudia López ,siguiera por lógica, el ejemplo de varios países de Europa, donde se congelo el pago de servicios públicos domiciliarios. Pero pese a que se dio la instrucción por parte de la alcaldía de Bogotá de congelar el pago de servicios públicos y se decretó el simulacro de aislamiento el gobierno nacional puso el grito en el cielo indicando que esto no era posible y que solo era el presidente el que podía decretar medidas tajantes y severas, tal como lo indico la ministra del interior Alicia Arango, “no se pueden cerrar las ciudades y menos donde no ha llegado el virus” sustentando lo anterior, en que podía afectar la economía. Bien se puede ver que las empresas y el gobierno nacional no actúan en importancia del bien general y la salud de las personas sino que les pesa más el mantener los números del crecimiento económico y su margen de ganancias, y que solo vienen a actuar de forma lógica y consciente cuando de ven contra la pared por la presión de las redes sociales.

Sumado a lo anterior, esta la posición pusilánime que han tomado las empresas y el gobierno nacional al enfrentar la emergencia sanitaria por el miedo que les produce “destruir la economía del país”. Un buen ejemplo de eso son los call center que han seguido funcionando a pesar de las prohibiciones de tener gente aglomerada en un espacio cerrado y por parte de estado, el no tomar las medidas económicas de los países europeos, como congelar créditos, rentas, servicios públicos a nivel nacional y demás, para aliviar la angustia de la realidad de la mayoría de colombianos, que se ven apurados por todas las circunstancias dadas por la pandemia del Covid-19.

Finalmente, se puede comprobar como la única solidaridad orgánica desplegada de forma espontánea por la mayoría de empresas y el estado ha sido dirigida hacia el dinero y no hacia las personas, tal como se ha sustentado en los ejemplos anteriores, que revelan como no se ha tomado en cuenta las situaciones en general de las personas, que lo único que importa son los números de crecimiento económico y el miedo que produce tomar una posición seria para enfrentar una emergencia sanitaria por no afectar la economía, teniéndose esta como prioridad. Cosa que deja mucho de desear en relación a la aplicación de la verdadera solidaridad, los fines del estado y las prioridades como sociedad, que si se aplicaran de forma correcta crearían una gran cohesión social y lograría dirigir todos los esfuerzos del país al bien común, el bien común que en este momento es la subsistencia y supervivencia a un virus que no distingue a ricos y pobres sino que a todos da por igual y mata de la misma manera.


Fabián Garzón

“Hacen falta circunstancias excepcionales, como una gran crisis nacional o política, para que pase al primer plano (la solidaridad), invada las conciencias y se haga el móvil director de la conducta”. Émile Durkheim, en su libro ‘El Suicidio’